El trauma psicológico ocurre cuando una experiencia supera nuestra capacidad de procesarla emocionalmente. Puede ser un evento único (accidente, agresión, pérdida repentina) o acumulativo (negligencia, maltrato continuado, bullying). Sus efectos van mucho más allá de los recuerdos: pueden manifestarse como ansiedad crónica, hipervigilancia, dificultad para confiar, problemas de sueño, reacciones emocionales desproporcionadas o una sensación constante de inseguridad. La buena noticia es que con la terapia adecuada, el cerebro puede reprocesar estas experiencias y el malestar disminuye significativamente.