"Si digo que no, se van a enfadar"
Es la creencia número uno que nos impide poner límites. Creemos que ser "buena persona" significa estar siempre disponible, siempre dispuesto, siempre amable.
Pero hay una gran diferencia entre ser amable y ser un felpudo.
¿Qué es un límite sano?
Piensa en una casa. Los límites son las puertas y las ventanas. No son muros de hormigón que te aíslan del mundo, pero tampoco son agujeros por donde entra cualquiera a cualquier hora. Tú tienes la llave. Tú decides quién entra y cuándo.
"Poner límites es la distancia a la que puedo amarte y amarme a mí mismo al mismo tiempo."
Señales de que te faltan límites
- Dices "sí" cuando quieres decir "no" y luego sientes resentimiento hacia esa persona.
- Te sientes responsable de las emociones de los demás ("Si no voy, se pondrá triste").
- Te agotas intentando complacer a todos y no queda nada para ti.
Cómo empezar a decirlos (Guiones reales)
- Para planes que no te apetecen: "Gracias por pensar en mí. Esta semana necesito descansar, así que no podré ir." (Sin excusas falsas).
- Para favores que te desbordan: "Me encantaría ayudarte, pero ahora mismo no tengo capacidad para hacerlo bien."
- Para comentarios que te hieren: "Entiendo que no lo dices con maldad, pero ese comentario sobre mi [cuerpo/trabajo/pareja] me hace sentir incómodo. Por favor, no lo repitas."
Al principio te temblará la voz. Es normal. La culpa aparecerá. Salúdala y mantén el límite. Con el tiempo, la gente que te quiere de verdad respetará tus puertas.
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